En su adolescencia les daban palizas a los neonazis y los echaban de los recitales. Luego se acercaron a la política. Hoy un poco alejados del anarquismo y del comunismo utilizan música, poesía, pintura y arte audiovisual en un solo problema: El calentamiento global.


Una calle de tierra. No podía ser otra la geografía matancera que envuelve a este grupo de artistas dedicados de lleno a la transformación social y la ecología. Escondida entre dos grandes containers llenos de chapa se puede divisar su base. Me acerco marcando el paso y me animo a batir las palmas (no esperaba que haya timbre). Aguardo ante el aviso y abre Toribio, un punk que se divisa a varios kilómetros de distancia. Con mucha amabilidad me invita a pasar pero justo antes de que pudiera acomodarme adentro, una pregunta suya me sorprende: “¿No hay problema si te palpo de armas?”.
Es que la gente de Bolchevikes viene recibiendo amenazas de muerte por teléfono y hasta frente a frente con cuchillos de por medio como para no ser precavidos ante la presencia de un extraño en su guarida. Las hipótesis son varias, o mejor dicho, los grupos son varios. Neonazis, policías, burócratas sindicales o simplemente “ex compañeros de lucha que se desviaron hacia otro camino”. Al notar que solamente venía cargado con un grabador y una cámara digital pude entrar en su subterfugio, en el lugar donde conjugan bohemia con cruda realidad.
Su historia comenzó a principios de la década del noventa con bandas como Sartan y Profecium, precursoras del Black metal en Argentina. “Nos pintábamos, cortábamos la ropa en flecos y la teñíamos en hebras, nos poníamos brazaletes con cadenas, íbamos a los cementerios a afanar cruces, cristos, calaveras y las poníamos en el escenario”, recuerda Toribio. Era tal la logística implementada en cada show que fueron varios los sellos interesados en plasmar eso en un álbum, pero el espíritu punk de patear con lo establecido no lo permitió. Además las inquietudes políticas eran cada vez más fuertes y la música, ya sea Death, doom o Black metal, se convirtió en una de las primeras formas de desaguarlas.
Zoretor fue la continuación y la expansión del proyecto a otros países como Bolivia y Chile. En esos tiempos allá por el año 1996 el desplante nihilista fue perdiendo fuerza y el material que acuñaban abrió las puertas a nuevas reflexiones sobre lo que estaba pasando en el mundo. Entre anarquismo y comunismo, posturas casi irreconciliables, se desarrollaron hasta tomar conciencia de que no vale filosofía política alguna si por lo que se lucha está a punto de desaparecer. “Nosotros entendíamos que el calentamiento global ponía un límite de tiempo a la lucha de la humanidad, entonces se despertó esta política que es el ecologismo revolucionario. Para poder salvar el planeta vamos a tener que planificar la economía y los recursos humanos, en función de una revolución en la industria que no sea contaminante”, claman.
Perseguidos, endeudados y en contra de todos (“Nelson Mandela, Obama, Stalin, Evo Morales, Lula, Mujica, Correa, Fidel Castro, Chávez y todos los que tratan de contener al movimiento obrero para que no pueda salir del corsé”), llevan sus inquietudes a través de canciones, poesías políticas, documentales y dibujos con un gran decoro.
Filo: ¿En qué medida se puede politizar y volver partidista a las expresiones artísticas?
Bolchevikes: Nosotros siempre fuimos artistas, pero nuestra comprensión sobre la realidad nos llevaba a luchar por algo concreto. Había quilombo en Bolivia y sacábamos un disco con eso, “Alto Bolivia”. El primer disco dijimos que se tenía que llamar “Guantánamo” porque es la cárcel a donde nosotros vamos a ir a parar. En el conflicto de los trabajadores de Kraft hicimos poesías y hasta canciones tecnos siendo nosotros heavy punk para que les llegue el mensaje. Además, sacamos revistas con un riguroso estudio que demuestra con hechos el punto exacto en el que estamos con respecto al calentamiento global.
-¿Creen que la gente no es conciente de los efectos del calentamiento global y la contaminación?
-La gente en su ignorancia total desconoce que para el universo no es nada. Somos una especie relativamente joven y nos vamos a extinguir en un toque. Esta va a ser la séptima extinción que va a vivir una especie en el planeta.
-Al escuchar su tesis parece no haber escapatoria
-El imperialismo está invirtiendo en la astronomía para ver si encuentran planetas habitables porque piensan mandarse a mudar. Nosotros acá vamos a servir para potabilizar el agua que quede, en las peores condiciones, por un par de años más mientras ellos van a estar en las estaciones espaciales viviendo no sé cuánto tiempo, porque sin experiencia allá no van a poder vivir mucho. Es una película.
En Vorkuta, nuevo período de Bolchevikes, modelan todo esa sospecha acompañada por un sonido punk atropellado y pesado. Quienes ejecutan el mensaje en voz son dos mujeres, Elizabeth y Victoria, secundadas por Kasan en batería, Atómico en bajo y Tritón, que tiene tan solo 12 años, en guitarra. Pero como los sueldos de “obreros comunes” que ganan no les alcanzan para mantener vivo el proyecto tienen que vender remeras donde se plasman sus obras de arte. Convencidos de que lo sucedido en Chile va a ser la norma y “no va a haber ni capitalismo, ni anarquismo, ni comunismo, ni socialismo ni nada”, publican análisis científicos con recortes de diarios tratando la problemática. Sacan revistas con poesía y escritos donde, por ejemplo, explican lo que es el HARP (Arma climática usada en Vietnam), causante, según ellos, del terremoto en Haití y el sudeste asiático. A pesar de que su reyerta tiene intenciones beneficiosas colectivas, sienten la indiferencia de sus pares. “Estamos aislados porque nos reivindicamos ecologistas y no entendemos cómo la gente no está enloquecida, niegan la realidad”.
-¿Cómo ven al punk hoy pensado como estandarte para la lucha social?
-El punk rock en Argentina fue totalmente cooptado por la burguesía y hoy está representado por los referentes más tristemente célebres como Ricky Espinoza (ex líder de Flema), que llama a la dispersión, a la droga. Nosotros estamos en contra de la droga y del alcohol. Opinamos que no hay tiempo para nada que no sea luchar, y todo lo que ayude a la distracción total es justo lo que necesita la burguesía. Entonces, no hay un referente punk.

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Violencia en el parque
El 28 de abril de 1996 Marcelo Scalera fue asesinado en medio de una feroz gresca que se desató en un festival de Parque Rivadavia organizado, paradójicamente, contra la represión policial. Scalera militaba en el Nuevo Orden Patriótico, partido que seguía lineamientos del Nacional Socialismo.
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-¿Cómo entienden este viraje de la música hacia el vaciamiento y falta de compromiso que exponen?
-Por ejemplo, si no hubiesen eliminado a los 30 mil mejores hombres en los ’70s hoy no existiría la cumbia villera. Los obreros de aquel entonces jamás lo hubiesen permitido, denigrar así a las mujeres con el “que te bajo la bombacha”. Repudiamos la cumbia villera.
-¿En qué situación se encuentran ustedes y la lucha que mantienen desde lo que saben hacer: arte?
-Nosotros no hacemos otra cosa que no sea trabajar para tratar de incidir en el triunfo o en la última derrota de la humanidad. No podemos descansar, no podemos vivir sin pensar en la lucha. No tenemos sábados ni domingos. A mí me gustaría tocar la batería, componer, o dedicarme a todo lo que tenga que ver con el arte pero como las organizaciones no se hacen cargo de este problema nos queda a nosotros, que somos músicos y artistas, hacernos cargo.
Terminada la entrevista, Toribio quiso dejar un mensaje personal por si las amenazas que estuvo recibiendo se consumaban: “Si yo no estoy cuando salga esta nota voy a estar orgulloso por lo que me pueda pasar. Si me hacen algo los neonazis por lo que pasó en Parque Rivadavia (ver recuadro) me voy a sentir orgulloso y estoy para que se hagan 100 Parque Rivadavia más contra esos chacales que hostigaban a morochos y linyeras”.


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EDITORIAL

Me convertí en un número. Tengo fracción, raíz cuadrada y a veces decimal. También me convertí en un número entero. Mera combinación entre el uno y el cero. Soy numerable y razonable. Despreciable y dispensable. Aceptable y vulnerable. Multiplico. Para el resto no sumo ni resto. Soy consecutivo, destructivo. Me convertí en un número y tengo además factor común. Soy par e impar. Máximo y mínimo. Mayor, igual o menor. Soy múltiplo de dos, de tres, de cuatro o de nueve. No de uno. No para uno. No tengo valor, soy solo valor. Me convertí en un número, me dicen “4232”. Tengo código propio, binomio y exponente. Decadente y resistente. Totalmente ambivalente. Doy resultado y error. Depende la situación, de la ecuación. Soy exacto de facto.

Me convirtieron en un número. Elevé mi razón, mi corazón, a la tercera potencia. Incongruencia, falta de conciencia. Ahora mi alma es cardinal, y mi sentimiento animal. Soy sistemático y matemático, de las ciencias duras en estado puras. Mi nombre es “4232” y hay millones como yo. Solo números, meras combinaciones entre los unos y los ceros.

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