Welcome to the “shame”

Axl Rose, acompañado por un grupo de desconocidos, se presentó ante un repleto estadio de Vélez Sarsfield y no estuvo a la altura de las circunstancias.

El pelirrojo cantante volvió después de 17 años a Buenos Aires. Acompañado con una incógnita banda a la que no titubeó en llamar Guns N’ Roses, y con un marco de público increíble, evidenció un estado deplorable, problemas de sonido, escenografía barata y una organización del evento acorde a la disonancia general.
“No se escucha, no se escucha”, fue el cántico que envolvió la noche del lunes 22 de Marzo en Liniers apenas comenzó a cantar el líder de la banda (dos horas después de lo pactado, por cierto). Es que cuando sonaron las primeras canciones, la gente sintió que algo faltaba. Ese algo era nada más ni nada menos que la voz de Axl.

Fue así que los primeros temas, “Chinese Democracy”, “Welcome to the jungle”, “It’s so easy”, “Mr. Browstone” y “Sorry” promovieron el descontento colectivo y los primeros proyectiles hacia el escenario. Situación que llevó a parar el recital varias veces cuando “Better”, “Live and let die”, “If the World” y “Rocket Queen” continuaban con el show.

“¿Quieren que nos vayamos? No tenemos ningún problema en hacerlo”, trasladaba las palabras de Rose a la multitud un tímido traductor. Hasta ese momento el espectáculo había sido rotundamente frenado en tres oportunidades y ante un nuevo intento de agresión no habría tutía. Vasos, botellas y hasta los pedazos de carpeta que protegían el césped volaban hacia los músicos que intentaban acercarse al campo.

Menos mal que el tecladista Dizzy Reed, integrante firme desde “Use your Illusion I” y el otro representante de la legendaria banda, bajó un poco los decibeles con un solo de piano seguido de “Street dreams”. Situación que preparó el campo para “You Could be mine” y “Sweet child o’ mine” (con un punteo flojo y devaluado), porque si fuera de otra forma esta crónica terminaba acá.

Los tres guitarristas que había en escena se encargaron de amortiguar la noche de un Axl Rose pasado en kilos que vestía jean, una blusa blanca, un chaleco y su típico pañuelo. Es así que cada dos temas, el cantante se iba a tomar aire y dejaba a alguno de sus compañeros haciendo algún solo como sucedió durante el cover de Pink Floyd, “Another brick in the wall”.

Hasta ese momento, el clima en la cancha de Vélez era raro. Mientras algunos se debatían entre disfrutar el show o insultar, otros culpaban al sonido y trataban de avivar a Axl. Se acercaba la parte de grandes baladas como “November rain”, “Dont cry” y “Knocking on heavens door” con el líder al piano, situación que sirvió de anestesia a los defraudados fanáticos.

Rozando la 1 de la madrugada en el reloj, el grupo completo se retiró del escenario para volver 15 minutos después a interpretar “Madagascar” y hasta tuvo el atrevimiento de destruir el tema de AC/DC, “Whole lotta Rosie” con un Axl Rose intentando exportar su voz a niveles estratosféricos lo que dio un resultado de desagradables gritos. El tema que cerró la noche fue “Paradise city”.

Lo particular del asunto fue el hecho noticiable que dieron los diferentes medios. “Rodeado de una puesta en escena espectacular con fuegos artificiales y un gran juego de luces”, escribían algunos. Parece que no vieron lo mismo que vio la gente que se fue ofuscada y enojada por haber malgastado el dinero de tal forma.

Axl Rose para venir a Argentina entre cientos de cosas, pidió ropa de cama negra, pañales negros o rojos y salsa Cholula. ¿No se le ocurrió pedir un poco de vergüenza?.
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NOTA DE TAPA - INFORME

"La cana estaba en su estado más salvaje". Walter Gatusso andaba de changa y vio cómo la represión, los golpes y las corridas vapulearon la ilusión de los 40.000 jóvenes que se reunieron para ver la vuelta de Viejas Locas en el estadio de Vélez, el 14 de noviembre. Antes del show, una confusa revuelta que incluyó a la barra brava local, a los fanáticos y a la Policía Federal dejó 30 heridos y 44 detenidos. Rubén Carballo se llevó la peor parte.

Tenía 17 años y apareció debajo de un puente el domingo a las 13. Estaba inconsciente, golpeado, salpicado de azul y con una fractura expuesta de cráneo. La Federal dice que cayó de un muro; los familiares afirman que fue víctima de la violencia policial y la División de Asuntos Internos investiga a Eduardo Meta, el comisario al frente de la seccional 44º (con jurisdicción en el lugar) por ser el presunto instigador de la brutal carnicería que se vivió aquella noche. “Ya no hay nada por hacer”, se expuso en el último parte médico del pibe, que finalmente murió el martes 9 de diciembre tras 24 días de agonía. ¿Qué le sucedió realmente a Rubén?

El muro más cercano a Vélez es el que está emplazado en la calle Reservistas Argentinos al 200, lindero a la platea Sur del José Amalfitani, justo a la vuelta del estadio. Tiene 7 metros de altura y separa a la cancha del Club del Personal de Dirección del Ferrocarril Sarmiento por donde, según adujeron fuentes policiales, habría intentado saltar Rubén para “colarse”. Los otros paredones están entre Irigoyen y la Autopista, y en la calle Bacacay intersección Perito Moreno. Sea cual fuere de todos estos, no se explican varias cosas: los rastros en su ropa de la pintura del camión hidrante, las contusiones en su cuerpo producto de reiterados porrazos y cómo pudo desplomarse recién a tres cuadras de la entrada principal, donde fue encontrado por un socio de los Ferroviarios, en un estado crítico.

Esa fatídica noche del sábado 14 de noviembre, y minutos antes de que se abrieran las puertas del estadio, sobre la avenida Juan B. Justo, “La Pandilla”, la barra brava de Vélez, desembarca con sus micros a unas cuadras del club tras haber sufrido una derrota por goleada ante el por entonces puntero del Apertura, Banfield. No pueden acceder a las inmediaciones por los cortes de calles y eso los enardece aún más. Distintas versiones hablan de que los uniformados le abrieron el paso a los hinchas para que estos pudieran entrar al Amalfitani a dejar los “trapos” y que eso enervó al público del show, porque “creyeron que se estaban colando”, admitió a Filo una alta fuente judicial.

Mientras esto sucede, Rubén y sus cinco amigos esperan para ingresar al campo. Están ansiosos por ver a su banda favorita y encima es el primer recital de sus vidas. En eso, según cuentan los vecinos del barrio privado John F. Kennedy, miembros de "la pandilla" rompen el descontrol. Las descripciones de lo sucedido se cruzan: B.P., oficial de la garita que cuida al barrio dice que “la pelea la empezaron los fanáticos cuando quisieron colarse detrás de la barra”. El changarín lo desmiente y culpa directamente a la policía por “reprimir sin sentido”. La barra no dice nada, ni responde.

En plena hecatombe, Rubén pierde a sus amigos cuando les “quemaron los ojos con gases”, según reconoció Ezequiel Laserna, uno de ellos, porque ya habían refunfuñado los caballos y el camión hidrante pisaba fuerte cerca de los cinco. Los federales se defendieron de las críticas de la familia y atinaron a decir que el chico intentó colarse y “zafar del quilombo”. Sin embargo, los pibes hablan de fuertes “tundas y amenazas constantes”.

Lo cierto es que para acceder por el muro y cumplir con la hipótesis que sostiene Meta y compañía, Rubén tendría que haber subido por el brazo de la autopista Perito Moreno que descarga en Reservistas Argentinos (aprovechando que es el único que está cerrado al paso del tránsito), ya que la medianera es inaccesible desde el asfalto, y así haberse arrojado al predio lindante. Son cerca de 12 metros y un salto con mucho coraje de por medio.

Matías es alumno de la escuela Dalmacio Vélez Sarsfield ubicada en el mismo predio y también fue a ver a Viejas Locas esa noche. Aparece en la escena de lo sucedido y se presenta: “Yo vi cómo lo cagaban a palos a ese flaco”. Y pinta el hecho a su manera: “Venía corriendo desde el otro lado (desde la avenida) y justo cuando llego acá (al muro detrás de la platea Sur), veo como la cana está dándole palazos a un pibe que después se lo llevó a la rastra (SIC)”.

Parte de la turba que seguía esquivando macanazos sobre Juan B. Justo rompe las rejas del barrio privado y, para esquivar los gases, irrumpe en el predio sin meditarlo. Arranca de cuajo dos gruesos portones de hierro y deja destrozos a lo largo del jardín frontal.

Se acerca Marcos al rodeo. Es vecino del Kennedy y vive en la casa 2. No duda en liberar la última pista: “Fijate cómo quedó el masetero de nuestra medianera. Por acá quisieron saltar un par de flacos”. Las plantas colocadas en un escalón a 1.5 metros de altura de la pared que separa al barrio del estadio, están pisoteadas. Desde esa altura y para saltar al otro lado hay que subir cuatro metros más. Un desafío casi imposible. Se desconoce si Rubén estuvo en el Kennedy.

Dudas. La doctora Mirta Saez libera la única y más certera respuesta: atendió al joven en el Hospital Centro Gallego y confirmó la presencia de varias heridas en su cuerpo, “como de bala y de tombazos”, según expresó el padre del menor, también de nombre Rubén Carballo. La médica dijo a los medios que tiene un fuerte golpe en la cabeza y un hematoma en el hombro, asunto que refleja al hecho como una mera caída. A lo que Carballo dijo a revista Filo: “Fue porque vio la necesidad de hablar únicamente de las heridas que podrían generar riesgos de vida”.

Pero la historia no dio su última versión. “Es todo muy raro –dice el oficial de la garita, que justo estaba de turno en el hospital Vélez Sarsfield donde fue a parar en primera instancia Carballo-, porque cuando llegó el pibe, lo primero que hicieron fue tirarle la ropa de inmediato y ni siquiera dejaron que alguien lo revise para ver en qué condiciones estaba”.

¿Alguien intentó cubrir los rastros de la represión o simplemente fue resultado del azar?
Entre las pertenencias de Rubén se encontró la entrada del recital sin cortar y un celular. Algunos llamados perdidos y monedas sin contar.

Sobre el asfalto, las vallas de contención –por cierto mal colocadas porque en vez de estar encastradas estaban atadas con alambre, lo que habría producido un efecto domino en su caída- deschavaron rastros del malón escapando de los gases y de la montada.

Algo que quedó plasmado en las cámaras de televisión presentes y que nunca se podrá desmentir. En Seguridad Urbana de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, durante los 15 días posteriores al hecho llovieron una veintena de denuncias por “abuso de la fuerza”. Viejas Locas y la organizadora del evento, Fénix, se desligaron del asunto con una volátil carta de Cristian “Pity” Álvarez donde auguró la “pronta recuperación de Rubén” y donde afirmó: “No voy a decir que ví represión (al menos en ese momento)”.

En el aire de Liniers hay dejos de una noche de alcohol, excesos y rock and roll para el olvido. Y una incertidumbre que quedará por definirse con testigos, videos y pistas. Hasta entonces, quedará inmersa en la inconsciente cabeza de Rubén, que aguantó durante 24 días antes de llevársela consigo para siempre.

“Creo que van a rodar cabezas en la Federal”

Rubén Carballo padre dejó la camisa celeste que lo identificaba como chofer de la línea 132 y se convirtió en un detective furtivo. Está a la caza de cualquier pista que confirme su hipótesis: “A mi hijo lo cagó a palos la policía y voy a ratificarlo como sea”, sostiene.

Para lograrlo, pasó horas inspeccionando las heridas de su hijo y vio todos los videos que capturaron las cámaras de televisión presentes en la noche del 14 de noviembre. Así fue como, en un tape de Crónica TV, logró identificar a su hijo escapando de los golpes policiales.

Filo: Después de la intervención de Asuntos Internos, ¿siguen pensando igual los policías sobre la teoría que deslizaron en primera instancia?
Rubén
: Están cambiando de punto de vista. Lo que pasa es que oficialmente no pueden decir nada porque hay una causa de por medio. Aparte, su hipótesis compromete a otros oficiales y hasta sin querer. Por ejemplo a los que estaban cuidando en la puerta del Club Ferroviario. Ellos tuvieron que haber visto algo si es que Rubén estuvo allí. Si dicen que se tiró de la autopista, entonces el policía que estaba cortando la bajada tuvo que haberlo visto. Creo que van a rodar cabezas en la Federal.

Filo: ¿Cómo crees que pergeñaron una hipótesis tan rápido?
Rubén:
Supuestamente porque en el lugar donde lo encuentran no hay nada más que rastros de una presunta caída. Yo descarté esa versión por las secuelas que tiene Rubencito en el cuerpo. Cuando les negué esa posibilidad me preguntaron: “¿Cómo llegó entonces hasta ahí?”, y les respondí, lo llevaron y lo dejaron tirado.

Filo: Dicen que la fe es lo último que se pierde, ¿Cómo está tu fe?
Rubén:
Con mucha fuerza y firme. Rubén sigue luchando a la par de los médicos. En el estado en que llegó, nadie daba nada por él. Pero ya hace días que se sostiene y eso es bueno. Creo que va a salir adelante porque ya mueve la cabeza y las pulsaciones se le aceleran cuando estamos nosotros presentes. Es como que nos escucha.

Tres jueces investigan la causa

El expediente en el que se investigan las lesiones que sufrió Carballo está a cargo de la jueza subrogante Guillermina Martínez, con intervención del fiscal Eduardo Cubría. Una segunda causa, sobre los hechos de violencia atribuidos a los seguidores de Viejas Locas, quedó a cargo del juez de menores Enrique Velásquez, ya que de las refriegas habrían participado varios adolescentes.

Finalmente, la fiscal contravencional porteña Mariela De Minicis quedó a cargo de la causa en la que se investiga la presunta "omisión" de tomar los recaudos adecuados en materia de seguridad por parte de los organizadores del recital.


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por Andrés Randazzo

Crash! “Viste el botellazo que se comió ese cana”, gritaba un pibe con el cuello de la remera subido hasta el tabique, como para filtrar el insoportable olor del gas lacrimógeno. El policía, que recibió el envase de cerveza con su casco, quedó sentado en el cordón. El chico ya había desaparecido. Se unió a la multitud que escapaba de las balas de goma y se alejaba de la entrada en medio del desconcierto. El caos en la previa al recital de Viejas Locas se había desatado y las agujas del reloj avanzaban sobre las 21. Pity Álvarez se hacía esperar. Salió al escenario una hora y media después de lo previsto y, tal como dijo luego, no estaba al tanto de que la calle era un infierno.

Los camiones hidrantes teñían de azul las ropas rasgadas por los empujones y los golpes. Palazos de la policía y más peleas. La desesperación de los pibes crecía. Detrás de las paredes del Amalfitani ya se oía el tema “Intoxicado” y ellos, impotentes, seguían afuera. La bronca creció cuando, en colectivos anaranjados, llegó la Pandilla de Liniers. Vélez había perdido 3 a 0 con Banfield esa noche y la hinchada regresó a su estadio para “guardar los trapos”. Como si fuera lo más normal del mundo, la misma policía que hacía correr a los chicos con sus entradas le abría las vallas a la barra del Fortín.

“No podés pasar por acá”, le dijo un uniformado a Marcos, el jefe de la hinchada. “Quedate tranquilo, yo me encargo”, le respondió. Al rato estaban en la platea, cantando por su equipo cada vez que la banda paraba. Agitándola, se diría en el barrio.

Eduardo Meta es el comisario a cargo de la seccional 44, la que tiene jurisdicción en el lugar. Al hombre se lo vio vestido de blanco en medio de los incidentes. Meta, responsable también de que la Pandilla ingrese al estadio, fue desplazado de la comisaría 24 de La Boca por estar en “connivencia con la barra de Boca”. La 12 de Mauro Martín, justamente, hizo lo que quiso cuando Boca jugó de local en el Amalfitani en 2007.






por Revista Filo
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Termina otra década en la historia del rock. En 1999, que dado vuelta anunciaba un Armageddon de escala planetaria, no imaginábamos lo que ocurriría durante estos 10 años. Un rápido repaso, realizado con errores y omisiones, pero con desbordante pasión, puede echar un poco de luz sobre las sombras que nos perturbaban por entonces.

por Martín De Bernardi


Si los 50´s fueron la década del apartheid musical, con gente blanca bailando en la platea, y gente de color en el pullman; si en los 60´s lo blanco y lo negro se fundieron en primigenia celebración para, sobre el final de la década, ser coloreados por los matices del LSD; si los 70´s fueron la década del bello facial (y púbico), las lanas, las motos, el Glam y la suntuosidad progresiva, luego insultados por ese grito de furia minimalista surgido en Nueva York y Londres, casi al mismo tiempo; si los 80´s fueron años de sonidos plásticos, aún de fondo ante perfectas melodías pop y eternos hits radiales; y los 90´s fueron años de regreso a la conflictividad adolescente, primero con el Grunge y luego con un nuevo y tibio Melodic Punk, contrarrestada por un Neo Metal gutural que todo parecía devorar. Si esas cinco décadas de rock fueron mucho más que eso. ¿Qué fueron los 2000´s?

¿Qué nos deja esta década?

Responder esta pregunta cuando aún no finaliza el período, es una tarea complicada, ya que no disponemos de los años que se necesitan para poder mirar atrás fríamente, y analizar con cierta objetividad todo lo que puede pasar en la música en solo 10 años. Investigar los cambios y la variedad en detalle de cualquier década argumentaría esta limitación metodológica con la que nos enfrentamos. Sin embargo la pregunta está planteada, y esbozar un camino capaz que empezar a responderla es algo, al menos, motivador. Más cuando la hipótesis es alentadora, queridos filorockers.

Hace 50, y hace 10 años… de lo incierto al Apocalipsis

Los Gatos se preguntaban en 1968 cómo iba a ser “el 2000”, sin tener absoluta idea de lo que efectivamente iba a ocurrir. Viniendo en el tiempo, un poco antes de ese año misterioso, tampoco imaginábamos lo que nos esperaba en este 2010 que asoma. Repasemos. Avanza una extraña figura dentro de la música contemporánea: los DJs. En 1999 son estrellas que giran por el mundo, contaminan todas las celebraciones, y hasta dicen que “tocan”. El panorama para el Rock, música ejecutada por seres humanos jóvenes, creativos y dispuestos a cambiar el mundo, parece desolador. “El Rock es para dinosaurios”, refunfuñan algunos, dispuestos a abrazar al género electrónico como la nueva súper nova musical del flamante milenio...





Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

En un momento en que ni el más filovintage lo esperaba, desde Nueva York (re) surgía un movimiento tan impactante como familiar. Muchos, asistimos a un flashback musical llamado The Strokes, con un hit inoxidable: Last Nite. Un video sepia nos confundió: “¿cuándo pasó esto?” Se erigió, sin saberlo, como la punta de lanza de un nuevo Retro Rock que daría aire a la música que nos importa, desde el garage a los estadios. Y no se trataba solo de imagen. En los Strokes, los White Stripes, los Arctic Monkeys, los Jet, los Vines, los Hives y otros tantos había buenas canciones (o, al menos, válidos intentos). Buenas canciones: algo que parecía perdido, en esa meseta de golpes monótonos capitaneados por esos inverosímiles personajes que usaban vinilos (objeto preciado por todo rocker de raza) como herramienta que diluía nuestra música, casi como una burla macabra de la, ya demoníaca, industria musical. Buenas canciones: como las que hacían Beatles, Stones, Birds, Velvet Undergroud. Y, como cereza del postre: volvían a poner a la guitarra eléctrica como instrumento vedette. Ni Lito Nebbia, ni nosotros lo imaginábamos.

El Retorno del Jedi

Si una tendencia, durante esta década que termina, fueron las bandas de jóvenes rebeloides, bien lookeados, con buenos estribillos y violas al frente; otra tuvo que ver con el regreso de viejos gigantes, que muchos creíamos desaparecidos para siempre (“Dinosaurios”). La vuelta de los Viejos Dioses, sumada a la vigencia de quienes no abandonaron (Stones, McCartney, Red Hot Chilli Peppers, Foo Fighters, U2, y Maiden, entre otros), solidificó este movimiento que, en su sexta década, apunta al centenario, con la responsabilidad de su supervivencia legada a nuestros nietos. Volvieron Dioses: The Who, Pink Floyd (juntos y por separado), Led Zeppelin, Guns n´ Roses, AC/DC, Motley Crüe y The Police, para nombrar a los más taquilleros. Y no lo hicieron por dinero: nos volvieron a volar los sesos. Así como lo hicieron las mega-alianzas Audioslave y Velvet Revolver, hoy extinguidas, los australianos Wolfmother, o los descomunales The Mars Volta. El Rock, vive.

Larga vida al Dios Rock

A pesar de este subtítulo, no tratamos de emular a Dewey Finn (eterno melómano ingeniosamente caracterizado por Jack Black en School of Rock -2003). No volvimos, ni volveremos a la Belle Époque del género. Pero quizás, este repaso sirva para augurar un futuro auspicioso. Inclusive, el elemento electrónico (otrora amenazante) no desapareció: por el contrario, se mixturó dentro de nuestro género, muchas veces de manera brillante, heredando lo mejor de los 80´s. Las secuencias, los samplers, y overdubs mágicos son moneda corriente en los escenarios actuales, brindando nuevas texturas y dimensiones a la música de los más lúcidos artistas. Radiohead, Bowie (eterno vanguardista), Coldplay, Muse, The Killers son solo un muestrario breve de este productivo uso del recurso. Y todo esto, con una absoluta permanencia de los instrumentos que dieron forma a esta forma (valga la redundancia) de vida llamada Rock: la viola, la bata, el bajo.

Contrario a lo que muchos temíamos, el Rock vive. Su brillante historia lo avala, y su saludable presente lo empuja. Las puertas están abiertas. Como antes sugerimos: la responsabilidad de su supervivencia estará legada a nuestros descendientes. Material les sobrará. “No se trata de regresar al pasado, sino de realizar sus esperanzas”.


por Revista Filo
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"Que de la Puente esté en la banda es un punta pié en el orto"

La mal llamada banda de Eduardo de la Puente, en una entrevista sin de la Puente, donde se habló de de la Puente.

Gritan. Se interrumpen. Se ríen con vozarrón de hombre bravío y no dejan ni un solo bache de silencio en medio de la vorágine por meter bocado. Así son los Tristemente Célebres, activos, risueños, verborrágicos. En fin, de esos tipos que no paran de joder, ni de hacerse jodas unos a otros.

Eduardo de la Puente no está. “Tiene gripe”, justifica Germán Wintter, bajista y principal jodón. La banda recién terminaban de ensayar y en Parque Patricios el sol pega feo. Hace fácil, 32 grados.

Por eso Leo Damico, el cantante, combate el calor con una cerveza Quilmes Cristal y todavía le queda, a las 4 de la tarde, media por tomar. Mientras, escucha y fuma, y habla, y fuma.

Nadie sabe muy bien por qué pero todos ahora hablan del recital de Viejas Locas, de la organización y de lo quemada que está la sociedad. Sin dudas, hay más de zapatos de goma que de filosofía barata.

Yendo al grano, están contentos y por demás conformes. Cuentan de entrada que su segundo disco “Anestesia general” salió a la venta en junio, y enseguida se apuran entre todos para desmenuzarlo en historias y anécdotas.

“Es el resultado de muchos años de evolución. No es tan power, es mucho más melodioso a diferencia del primero. Aparte pasaron como 5 años. Es más cancionero”, define Wintter. “Pero siempre ronda el rock”, agrega Damico.

El disco tuvo su gesta durante el 2008 y, a comparación del primero de nombre homónimo que se grabó en El Pie, este se hizo en un estudio “menos profesional”, “más chico”, pero con “una onda impresionante”, llamado Galápagos.

Además, tuvo un invitado que terminó siendo de sopetón el productor artístico. Según explica Wintter: “Con Ricardo Mollo nos dimos un tiempo para disfrutarlo a él. Además, nos dio una mano tremenda, sobre todo en los sonidos de las violas, pero le terminó gustando tanto que participó en la grabación de toda la banda”.

Jorge “Patón” Cimino, baterista, se intromete, opina, se caga de la risa y pisa el final de los efusivos aportes de Wintter. “Este disco me gusta mucho más, está más maduro”, cierra. TC tiene un nuevo integrante, el guitarrista Iván Caballero, que si bien no participó de la flamante producción “le da un sonido mucho más afianzado” en vivo.

La temperatura no baja y contra una punta del sillón, Leo sigue hablando, tomando cerveza y fumando cigarrillos. A esta altura, le queda un cuarto de litro.

“Durante toda la grabación, por situaciones personales, no me sentí tan cómodo. Pero justo el día en que canté el último tema, el track 12, tenía muchísimas ganas. Era una cagada porque ya estábamos terminando. A los 5 días me llama Eduardo, me pasa con Ricardo (Mollo), y él me dice que se habían notado las pilas, y que podíamos grabar de nuevo lo que quisiera. En 7 horas rehice todo el disco. La historia es esa, cuando tenés ganas sale todo fluido”, dice.

-Filo: ¿Les juega en contra que el guitarrista sea de la Puente?
-Leo: La gente desconfía de la banda porque él es el violero. Pero quiero que entiendan que nadie nos consigue nada por Eduardo, porque él mismo se encarga de que eso no ocurra. Eso no nos serviría, porque el rock se vive con la experiencia. Para dar un ejemplo, cuando tocamos en el Luna Park con Motorhead, la empresa que nos contrató era la contra de Rock & Pop. No fue Eduardo quien lo consiguió porque le gustaba tocar con ellos, como dijeron algunos. La locura de la gente es cualquier cosa.
Patón: Si fuera que Eduardo consigue todo, yo no fabricaría baterías y tendría un auto Cero Kilómetro. Y no es así.
Wintter: Sí, a veces nos juega en contra. Es un punta pié… un punta pié en el orto. Porque la verdad nos molesta eso. Aunque lo aprovecho, porque estando Eduardo puede convocar, y de hecho puede instalar el debate para que nos vengan a ver y que después opinen. Es uno más de nosotros. El problema es que todos creen que la banda es de él. En realidad es el que escribe mejor y el que tiene más experiencia con el micrófono.

-Filo: ¿Hay muchos prejuicios?
Wintter: El prejuicio y el preconcepto existen. Es un arma de doble filo.
Patón: Porque hay gente que lo ama, y hay otros que lo odian. Pero los comentarios son paradójicos, porque tocamos con un tipo que trabaja en la FM más popular de rock y Tristemente Célebres ahí no suena nunca. Si fuese como dicen, tendrían que pasar algún tema nuestro todos los días.
Leo: Con de la Puente al frente, primero tenemos que demostrar que somos una banda. Y vamos a seguir demostrándolo. Me molesta que prejuzguen, pero también sé que en algún momento esa gente se va a dar cuenta de que estaba equivocada. El que quiere escuchar a Eduardo que prenda la televisión o la radio.

-Filo: Han tenido la suerte de tocar en festivales grandes y con bandas grossas, ¿Cómo lo vivieron?
Patón: Es increíble. Llegábamos a un lugar a tocar con las mismas bandas que habías escuchado toda tu vida, en el mismo escenario. Aunque una de las primeras veces, en el Monster of Rock (2005), la organización no estuvo bien. No nos dejaron probar sonido, y cuando subimos a tocar no teníamos retorno. Pero cómo se lo explicas a las 20 mil personas que están abajo esperando el cierre de Judas Priest. En esa fecha tocamos casi por inercia (hasta algunos heavys del público les arrojaron monedas de 25 centavos, además de propinarles una buena carrilada de puteadas).
Wintter: Eso fue un honor y un dolor al mismo tiempo.
Leo: Ellos pedían a Judas, y nosotros ayudas (risas). Fue una mala experiencia, pero con Motorhead en el Luna Park cambiaron las cosas. En general estamos todos contentos. Casi siempre nos ha ido muy bien. En el Pepsi 2006 tocamos en el escenario grande, hasta me llevaron en un carrito a hacer una nota. No lo podía creer.




por Revista Filo
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Escucha rock y blues desde pibe, dice que “La máquina de hacer pájaros” lo marcó para siempre, sacó un disco este año y confiesa que se ve más con los músicos que con los curas. Una doble faceta entre dar misa, agitar la sotana y Jesucristo Superstar.

“Este sábado toco en Capital”, comenta al pasar y la fecha cae, en ese momento, para principios de diciembre. Al padre César no sólo se lo conoce por el nombre de pila, sino porque su apellido es casi tan impronunciable como si fuera Scicchitano Tagle. Aunque, en verdad, la mayoría lo juna más simple y directo como el “cura rockero”.

César no tiene una doble vida pero lo pareciera. Reparte su tiempo en llevar a tono sus 46 años, dar misa y componer música. Esto último, según reconoce, es lo que más ocupado lo tiene.

“En esencia soy más bien compositor, aunque gracias a Dios hago de todo”, dice mientras recuerda que su disco “Bajar un cambio” salió a la venta este año, y lo hace circular de manera independiente, estrategia que hasta ahora le dio buenos resultados. La banda, casualmente, se llama “El padre César y los pecadores”.

Lejos de que el público ironice, entienda, repudie, o alabe cualquier tipo de creencia, el cura rockero asegura que no profesa a través de la música ningún tipo de mensaje religioso. Es más, hasta casi deja en claro que no le interesa. No es su estilo: El rock por un lado, y su Dios por el otro.

-¿Cómo te dividís en la tarea de ser padre de la Iglesia y músico?
-Porque las dos son de verdad en mi vida. En la medida que están dentro de uno y toman vida no hay problema, lo hay cuando uno adopta posiciones que no son reales. Es como una pata de la mesa que tira para el otro lado. La música y el sacerdocio son dos verdades en mi vida. Creo que es parte de mi misión.

-¿De qué va el disco?
-Es una obra que está en el corazón de todas las personas que nos damos cuenta que estamos viajando a toda velocidad, y que no podemos detenernos en las cosas que nos pasan. Bajar un cambio implica no estar en el propio rollo todo el tiempo. Por ejemplo, hay un tema que se llama “Cerebro de shopping”, que vendría a ser una versión distinta del Hombre Suburbano de Pappo, y que se refiere al consumismo, a que hay gente que piensa todo el tiempo en cómo se ve por fuera. Otra canción es para un pibe de la calle y para los cartoneros, es decir, gente que vive de la basura que le tiramos. Y eso si no lo pensás decís “pobre gente” y seguís de largo. Si te detenés, es otra cosa.

-Entonces, las letras tienen un mensaje apuntado más a lo sociocultural…
-Tienen de todo. No están hechas para que alguien se ponga en un diván a ser psicoanalizado. Creo ser una persona que lee mucho su propio corazón y también el de otros, y trato de no juzgar en lo que digo. También hay un tema que le hice a las prostitutas, que se enfoca desde la mirada de Jesús. Porque nadie las mira con amor, ahí hay un claro ejemplo de dignidad que se cae. Sin embargo, por lo menos alguien le regala una canción. Es como dijo Jesús: “El que esté libre de pecado que arroje la primera piedra”.

-¿Cómo son los shows?
-Como en cualquier vivo, no bajo línea de nada. Ofrezco el arte que hago. Porque el arte tiene eso de que no hay que explicarlo, se explica en sí mismo. Las presentaciones las hago en distintos lugares, en un bar, en una parroquia, en un corralón municipal.


-¿Qué música escuchás?
Me mata mucho Ray Charles, su concepto de tocar y el swing de cantar. Me gusta el blues. A veces pongo jazz, me fascinan los tríos. Pero también escucho a Pappo, al Indio Solari o a Charly. Desde chico arranqué con toda esta historia. Recuerdo en el secundario ya escuchar a Genesis, AC/DC, Led Zeppelin, Supertramp. La primera banda que escuché fue “La máquina de hacer pájaros” en el ‘77 y me marcó.

-Ver en un mismo plano a un cura rodeado de rockeros en cuero y con el pelo hasta la cintura es una escena chocante, ¿Cómo te llevás con la gente del palo?
-Creo que tiene que ver con algo esencial. Hay un respeto muy grande de mi parte, y por ende de ellos hacia mí. Estoy en un mundo de verdad, no estoy para rescatarlos de nada a los rockeros. Si aparece alguien y lo único que pide es un rezo, ¿le pegarías? No. También he encontrado en todo el ambiente el agradecimiento por estar acompañando. Estoy convencido que el divorcio del rock y la religión llegó cuando alguien o algo fue de mentira. No me imagino a Jesús diciendo: “Éste canta tal cosa, no le des bola”.

-¿Qué pensás del rock cristiano, es decir, del auge del evangelismo?
-Creo que es gente que descubre una cosa trascendente en su vida y lo plasma en el rock, que tiene que ver con su historia. Es muy bueno porque están expresando lo que quieren y creen. Si es verdadero creo que está bueno. Este medio de expresión que es la música, está bueno para la fe. También vale decir que en ese sentido están mucho más organizados, tienen un circuito interno que es grosso.

-¿Te dicen algo los demás curas, tus compañeros?
Por lo general, mucho no me veo con todos los curas, más que nada por trabajo y por las cosas que hago. Me veo más con los músicos. En general no recibí ningún comentario. A veces el mismo cura que no le copa lo del rock tal vez se acerca a contener a una familia que perdió a un hijo que era rockero. Es decir, las cosas se unen. En cierta manera es un aporte que hago que tal vez otros no pueden hacer, al tener una lectura de la noche por ejemplo.

-¿Cuál es tu mensaje para estas vísperas navideñas?
La navidad, como su nombre lo indica tiene que ver con algo lindo porque es un nacimiento. Si es espiritual puede ser un nacimiento nuevo en el alma de cada uno.
Espero que Jesús nazca en mí, para que no vea mi vida sólo desde mi ombligo. Deseo para los demás que pueda cada uno pueda encontrar el nacimiento de cosas bellas dentro de su propia vida.

El padre César brinda misa los miércoles y sábados a la tarde en la iglesia Sacratísimo Corazón de Jesús, ubicada en la calle Moliere 856, en el barrio porteño de Villa Luro. Y también lo hace todas las mañanas a las 6:40 en el templo de las madres Escolatias.





por Revista Filo


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SE ORGANIZAN EN BERISSO

Músicos independientes de la ciudad de Berisso formaron su primer Consejo del Rock, una iniciativa que fomenta la cultura gratis, los recitales populares y, en un futuro, la posibilidad de “tener un sello discográfico propio”, según anhelan.

Desde septiembre del corriente, la ciudad de Berisso vive un sueño que tardó años en cumplirse y que finalmente está dando sus frutos: la creación del Consejo del Rock. Se trata de un espacio formado íntegramente por músicos locales que pretende canalizar las energías de todos los artistas en tener lugares públicos y gratuitos de difusión.

Para lograr establecerse y ser reconocidos, la comisión directiva del organismo presentó su proyecto a la municipalidad local y así consiguió que el estado se comprometa, a través de sus diversas áreas, en colaborar con la habilitación de espacios públicos, escenarios, seguridad y difusión.

“La idea de generar esto surge porque no había ciertos incentivos para la juventud como sí los hay en La Plata”, comentó a Filo la productora general del proyecto, Carina Moscardi. En la ciudad capitalina existe desde 1991 un Consejo del Rock que fue una “suerte de motor” que influenció la creación del de Berisso.

En este contexto, los músicos berissenses comenzaron a nuclearse y consiguieron que, por ejemplo, el playón municipal y el gimnasio municipal puedan utilizarse en forma indiscriminada para brindar recitales gratis. “Además, logramos que la casa de la cultura no prestara una oficina para que los artistas puedan acercar material, como demos, y tener un registro de lo que se está generando en el distrito para que todos los músicos puedan presentar sus discos en todos lados”, recalcó Moscardi.

Pero la ilusión no termina acá, porque los inquietos compositores van por más. “Hay una posibilidad de que en un futuro exista un sello propio donde podamos editar nuestros propios discos”, finaliza la productora general.



Por Revista Filo
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“Está bueno armar una movida independiente”

Con fusiones que circundan al rock latino, el ska, el reggae y hasta la rumba y el bossa nova, acompañada de letras con un alto compromiso social, la banda de Merlo intenta generar nuevos espacios para mostrarse.




Oriundos de la localidad de Libertad, partido de Merlo, en febrero del año próximo (que ya nos pisa los talones) Mambo Negro cumplirá seis años de vida en los cuales, tras varias idas y venidas de sus integrantes “por las necesidades y limitaciones de la banda”, encontró una formación estable para así poder encarar una nueva etapa.

Es así que actualmente el grupo se compone con Diego en la voz, David y Claudio en las violas, Lucas en la bata, Yony en bajo, Pablo y Hernán en la percusión y con un dotado conjunto de vientos con Silvio en saxo, Nahuel en trompeta y Walter en trombón, a los que planean incorporar un tecladista.

En 2005 Mambo Negro editó su primer material discográfico “Demasiado Lejos” con doce temas, sin embargo, “desde el disco hasta ahora es otra cosa”, advierte Hernán y se explaya aún más: “Hacemos otro estilo, lo que llamaríamos ‘latinska’, que sea agradable a los oídos, y que se dio por los gustos de cada uno y por la percusión y los vientos que se sumaron. Estamos incursionando en la rumba, bossa nova y ritmos cubanos para lo que estamos estudiando con libros, audios y partituras para definir un estilo más rico”, explican.

Asimismo, llegar a un consenso en la composición entre diez personas que viven en distintos puntos del Gran Buenos Aires es un arduo trabajo. Por ello, ya armaron unos diez temas ”para darle una forma” y pensar en su segunda placa discográfica.

Sin embargo, no solo la música hace a la esencia de Mambo Negro, sino también sus letras. “La idea es que identifiquen a todos. Surge desde la crítica. Se habla de ideas pero no de partidos políticos y menos de religión”, argumenta Hernán.

Bajo esta visión y con el fin de darse a conocer, el grupo que cerrará el año en Monte Grande o en San Justo, comenzó tocar por distintos puntos del Conurbano y así autogestionar shows con sus pares del ambiente. “Está bueno que la banda se mueva y arme una movida independiente, así no depende del circuito de pagar para tocar, por eso prefiero organizar fechas con bandas unders porque eso se perdió bastante”, cierra Hernán.

www.myspace.com/mambonegroska
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NÚMEROS ANTERIORES

EDITORIAL

Me convertí en un número. Tengo fracción, raíz cuadrada y a veces decimal. También me convertí en un número entero. Mera combinación entre el uno y el cero. Soy numerable y razonable. Despreciable y dispensable. Aceptable y vulnerable. Multiplico. Para el resto no sumo ni resto. Soy consecutivo, destructivo. Me convertí en un número y tengo además factor común. Soy par e impar. Máximo y mínimo. Mayor, igual o menor. Soy múltiplo de dos, de tres, de cuatro o de nueve. No de uno. No para uno. No tengo valor, soy solo valor. Me convertí en un número, me dicen “4232”. Tengo código propio, binomio y exponente. Decadente y resistente. Totalmente ambivalente. Doy resultado y error. Depende la situación, de la ecuación. Soy exacto de facto.

Me convirtieron en un número. Elevé mi razón, mi corazón, a la tercera potencia. Incongruencia, falta de conciencia. Ahora mi alma es cardinal, y mi sentimiento animal. Soy sistemático y matemático, de las ciencias duras en estado puras. Mi nombre es “4232” y hay millones como yo. Solo números, meras combinaciones entre los unos y los ceros.

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